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| Fotografía de: En la vuelta, acción fotográfica |
Empecemos por el principio, “Parto Respetado” no es una
moda, ni se trata la última invención snob, por el contrario, es lo que la
evidencia médica, científica y social actualizada, avala y recomienda como el
único modelo de atención que favorece y preserva el bienestar de la mujer y el/la bebé y que garantiza el
cumplimiento de los derechos de la persona gestante y su hijx. …
fundamentalista no? Más si tenemos en cuenta que la vecina, la prima, la madre, la tía y millones de mujeres parieron y siguen pariendo de la otra forma, de la que
no tenia apellido y mira lo bien que están y lo felices y sanxs que son lxs
hijxs de todas.
Por qué entonces, se hace indispensable hablar de “Parto
Respetado”, si con el parto a secas estábamos tan contentas y cuidadas? … sólo
en este día miles de mujeres y bebés son puestxs en riesgo por el uso
indiscriminado de intervenciones y medicalización de rutina y atravesarán su
parto/nacimiento como un acto médico y no como un hecho sexual, íntimo y fisiológico;
millones de mujeres y bebés quedarán con heridas y secuelas físicas y
emocionales, más o menos visibles, más o menos reconocidas que lxs acompañarán
de por vida; mujeres de todo el mundo relatarán sus partos como violaciones,
donde fueron cortadas, atadas, drogadas, maltratadas y humilladas, la gran mayoría de ellas serán despojadas de su condición de sujetas de derechos, quebrada su autonomía y voluntad, tratadas como un pedazo de carne, un campo de trabajo. Y bebés en
todo el mundo llenan las salas de neonatología por complicaciones producto de los
nacimientos intervenidos que tuvieron que atravesar o como resultado de una visión mercantilista de la salud; eso sin mencionar los pinchazos, sondas,
baños, colirios y demás intervenciones que innecesariamente y en completa
soledad emocional les son impuestas a la
gran mayoría.
Las intervenciones pueden salvar vidas, por supuesto, pero aquellas que necesitan ser salvadas, una
mujer y un bebé durante el parto/nacimiento no tienen que ser salvadxs de nada,
porque no están enfermxs, ni están atravesando una situación patalógica, todo
lo contrario están viviendo un hecho sano y fisiológico para el que estamos
preparadxs, lo único que necesitan es un
entorno respetuoso y atento de sus necesidades y deseos y profesionales idónexs
que acompañen desde la paciencia y la calma, interviniendo solo de ser
estrictamente necesario y siempre, siempre, siempre con autorización de la mujer y/o a pedido expreso suyo.
Desde hace unos años los protocolos y criterios de
atención perinatal hegemónicos fueron puestos en duda, empezaron a ser evaluados y estudiados desde
la evidencia médica y científica y no desde la costumbre y oh sorpresa! Encontraron que muchas de las conductas tenían leve o ningún asidero
científico y no solo no procuraban el bienestar de la díada sino que en muchos
casos atentaban contra él. Poco a poco quedó en evidencia que la práctica
obstétrica habitual está basada en la idea de que el parto es un patología que
debe ser tratada, conducida e intervenida, desde el uso de prácticas y medicalización de manera rutinaria, que no responden a las necesidades particulares e individuales de cada díada y proceso, sino a una cadena de producción en serie. Es real que para algunas (no todas) de las intervenciones existe una justificación médica y casos donde su uso está recomendado, pero en ninguna de ellas estar pariendo o haber nacido es una razón válida en sí misma, como tampoco, salvos casos muy puntuales se puede determinar de antemano cuales son las intervenciones que se realizarán sobre la madre y/o el/la recién nacidx.
Ninguna intervención es inocua, todas traen efectos secundarios, más o menos visibles, más o menos importantes, pero es mentira que no pasa nada con lo que nos hacen, o con las drogas que nos inyectan tanto para la madre, como para el/la bebé. Lo mínimo que puede causar una intervención es lo que se conoce como la cascada de intervenciones, que hablando en criollo es “una intervención lleva a la otra” hasta desatar una gran escalada, que obviamente eleva los riesgos para la díada. El uso de cada intervención debe estar mediado por un análisis realista de costo/beneficio particular de cada caso y obviamente con la información necesaria para que la mujer pueda decidir si la acepta o no.
Y tal vez más importante aún, la atención perinatal se puso
en duda a la luz de los relatos y vivencias de las mujeres, quienes
lejos de contar “el mejor día de sus vidas” daban voz una y otra vez a una
pesadilla, una historia de violación y abuso. Mujeres cuya vida cotidiana, su
vida sexual, el vínculo con sus hijxs, la relación con su cuerpo, su percepción sobre ellas mismas se vieron negativamente impactadas. Mujeres incluso
que sin dudar llegaron a la conclusión que si eso que vivieron era lo que había
que atravesar para parir, nunca más volverían a hacerlo.
Y así, empieza a colarse la necesidad de darle un nombre a
eso que la evidencia social y científica
empieza a probar, que explique lo que es
verdaderamente necesario en un nacimiento diferenciándolo de la práctica
habitual y extendida. Parto Respetado decidieron llamarlo, pero a qué hace alusión el concepto? La palabra
respeto abre muchas posibles interpretaciones, de hecho cada unx entiende
respeto de manera diferente, sin
embrago, en este contexto el término respeto hace alusión principalmente a dos
ejes, por un lado y tal vez el más
importante, se refiere al reconocimiento total de la autonomía de la mujer
sobre su cuerpo, el proceso que está viviendo y el bienestar del bebé, es ella la principal figura de toma de decisiones, y en este sentido es deber del equipo obstétrico no solo garantizar ese ejercicio sino fortalecerlo, brindando información adecuada, completa, verdadera y oportuna. El segundo eje, se relaciona con lo que sería la práctica médica concreta y atiende al respeto por
la fisiología del parto/nacimiento, es decir,
no intervenir, ni medicalizar por rutina, lo que implica de base una
visión sobre el embarazo y el nacimiento como procesos sanos, fisiológicos y
naturales. En este contexto desaparece la figura del equipo médico que “hace
partos” y es rescatada la figura del
equipo que acompaña y sostiene el proceso solo interviniendo cuando es
estrictamente necesario. Uniendo estos dos criterios y para dejar de alimentar falsas creencias, Parto Respetado no está ligado con la no intervención, ni se mide en función de las intervenciones que se hayan realizado, sino al hecho de que las mismas hayan sido médicamente necesarias y bajo estricta autorización de la persona gestante o a expreso pedido suyo con información completa, verdadera, adecuada y oportuna.
Parto Respetado no se refiere a la calidad del trato humano
(la cual debería darse por descontado como lo mínimo indispensable), se llamaría entonces Respeto a la Parturienta.
Desafortunadamente sabemos que los gritos, los comentarios denigrantes, las
burlas y la indolencia son moneda corriente en los nacimientos. Sin embargo, si
bien cuando hay maltrato verbal o físico hay violencia obstétrica, el trato
digno en sí mismo no implica que nuestro parto haya sido respetado. Pero, mujeres,
familias y profesionales tendemos a asociar “respeto” al trato amable, a que nos miren a los ojos y
nos hablen bien… con que poco nos conformamos, tan maltratadas y abusadas hemos
estado por siglos que la sola palabra amable nos hace sentir que tenemos el
todo, cuando en realidad solo seguimos recibiendo las migajas.
Lo peligroso de esta falsa idea de respeto, es que lo que
ahora nos vende el sistema médico hegemónico y nosotras compramos, como la mejor opción es tan sólo una lavadita
de cara, nos cambian la episiotomía de rutina (por poner un ejemplo) y con maltrato verbal, por la
episiotomía de rutina supuestamente informada ("es lo mejor, sino no nace") y con amor. Se han puesto de moda (esto si!) lxs profesionales amoroxs y empáticxs, que informan (no dan información) "es lo mejor y por tu propio bien" y piden autorización: "es lo mejor, me dejas?". Con lo cuál los criterios médicos y éticos no se están replanteando desde la base, tan solo adornándose las maneras y los relatos siguen siendo un cadena de intervenciones innecesarias, de mujeres que son dirigidas y conducidas con trato amable y sintiendo que ellas tienen la decisión, por que ante un: "es lo mejor, para ti o tu hijx" quien va a negarse? No
importa con cuanto amor (¿?) y amabilidad realicen sobre nosotras o nuestrxs
hijxs intervenciones de rutina, no importa si mientras lo hace nos hablaban
dulcemente y nos agarran la mano y hasta nos secan las lágrimas. Intervención y
medicalización sin que medie justificación médica es violencia obstétrica y es abuso
de poder y por tanto, no clasifica dentro de
la idea de Parto Respetado, aunque nos hayamos sentido muy respetadas
emocionalmente. De la misma manera que si no recibimos toda la información
completa o nos dan información falsa u omiten datos relevantes, aunque lo hayan
hecho con mucha amabilidad no estamos hablando de Parto Respetado, la
información parcial o falsa es violencia obstétrica. Y lo más importante,
si sobre nosotras o nuestrx bebé fue hecha una intervención médicamente necesaria, pero para la cual no obtuvieron nuestro consentimiento también hay
abuso de poder, el “por tu propio bien” no aplica, el reconocimiento de la
autonomía de la mujer para aceptar, rechazar o pedir es el eje central.
La vivencia y sentir de una mujer frente a su parto es
incuestionable, tanto si es positiva como si no lo es y obviamente esa
percepción estará mediada por sus creencias, sus saberes propios, su historia
de vida, sus deseos y necesidades y la
información que posee, pero que una mujer esté satisfecha con la experiencia no implica que sus derechos y los de su hijx hayan sido respetados. Y nos debemos
a nosotras mismas, a nuestrxs hijxs y a quienes nos preceden exigir todo
lo que nos corresponde, no solo las migajas.La deuda del sistema, por otra parte, es impagable...

TODOS LOS OBSTETRAS DE ESTE PLANETA DEBERÍAN REFLEXIONAR CON ESTAS PALABRAS
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