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Mi parto es mío

El parto no es un acto médico, ni siquiera en los llamados casos de "alto riesgo" o en las escasas situaciones de real emergencia donde la intervención y la pericia médica son necesarias. El parto es siempre un hecho fundante que responde a la intimidad y sexualidad de la mujer que pare y el/la bebé que nace y eso es ante todo lo que el equipo obstétrico tiene que respetar y preservar. El nacimiento es de la díada, en su totalidad, no sólo una partecita, o siempre y cuando cumplan con ciertas condiciones, o sólo si la persona gestante toma ciertas decisiones, o un poco de ellxs y un poco de quienes asisten, no! el nacimiento es de la díada, sin medias tintas, ni clausulas, la persona gestante es siempre la principal figura de toma de decisiones, nadie tiene que dejarle o permitirle, ese es un derecho que sólo ella posee.

La violencia obstétrica se sustenta entre otras cosas, en la flagrante omisión de una obviedad: mi cuerpo, al igual que mi parto, es mio y la responsabilidad sobre mi hijx es mía (y de su otrx pa/madre en caso de existir), por lo tanto sólo yo tengo la potestad de aceptar o no aquellas intervenciones, rutinas, estudios y prácticas que el equipo obstétrica proponga. Poseer conocimiento técnico específico y práctica médica no convierte a lxs profesionales de salud en dueñxs del nacimiento, ni del cuerpo de ninguna mujer, ni de ningún bebé, por el contrario, lo que dicta la ética es que son quienes tienen la responsabilidad de resguardar la autonomía y soberanía de la persona gestante. Sin embargo, la relación con el equipo obstétrico suele darse en sentido inverso: ellxs hacen, nosotras como buenas chicas nos dejamos; nosotras en el mejor de los casos pedimos y ellxs nos permiten o no...

Es frecuente, incluso entre mujeres con acceso a la información escuchar conversaciones donde el común denominador son frases del estilo de "pregúntale si te deja... si te espera.. si puedes", todo esto con las mejores intenciones claro, pero perpetuando el status quo. Está tan introyectada la creencia según la cual la autoridad indiscutible la ostenta el/la profesional de la salud y a nosotras nos corresponde sólo obedecer sin chistar, o rogar su beneplácito, que aún con información, aún en conocimiento de nuestros derechos solemos establecer una relación (explícita o implícita) donde ellxs deciden sobre nuestro cuerpo, nuestra vagina, nuestro útero, nuestrx hijx y por ende disponen según su parecer personal (como si la atención obstétrica fuera una cuestión de opiniones), sin tomarse siquiera, en la mayoría de los casos, la molestia de mínimamente informarnos que están por realizarnos y nosotras obviamente preguntamos lo mínimo, no vaya y sea que lxs molestemos. Y luego nos contamos el cuento, que nosotras confiamos, para eso lxs elegimos y que siempre todo lo charlamos, aunque las conversaciones previas estuvieron realmente lejos de darse en situación de horizontalidad y reconociendo a la mujer como protagonista absoluta.

Y si a nosotras que portamos el cuerpo y llevamos en él las marcas y cicatrices que cada práctica, cada intervención, cada humillación, cada vulneración de nuestra autonomía se nos escapa una verdad tan absoluta (mi cuerpo, mi parto son míos), imaginemos que pasa con esxs profesionales de la salud quienes a fuerza de costumbre y rutina, inmersxs en un sistema jerárquico y perverso han perdido de vista un hecho tan básico, tan vital como que aquella a quien están asistiendo es una sujeta de derechos y con potestad sobre su cuerpo, el proceso que está atravesando y el bienestar de su hijx. Y claro, ellxs tienen sus protocolos, sus maneras, su propio bagaje y experiencia y se supone que justamente es por eso que lxs elegimos, pero por más necesaria que sea una intervención, es indispensable que sea aceptada por la mujer, es ineludible el deber profesional de dar la información completa, verdadera, adecuada y oportuna y actuar sólo bajo el consentimiento de la persona gestante. Nosotras y nuestrxs hijxs no estamos al servicios de las prácticas, tampoco somos presxs de ellas. No se trata de que nos dejen o nos permitan sino de que nosotras con información decidamos. Mi parto, mi cuerpo, mi decisión.

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