Permanentemente escucho testimonios de mujeres, leo relatos, me llegan mensajes donde el común denominador es “qué hay de malo en mi o en mi bebé”: que pasé la semana 40 y aún no inicio el trabajo de parto o que tengo contracciones ineficaces (¿?) o no dilaté o soy muy baja, muy alta, muy gorda, muy flaca; o no se pujar y mi bebé no bajó o me esperaron un montón (3hs) y aún así no dilaté; o mi bebé es muy chicx para nacer o muy grande y me va a romper toda; o subí mucho en el embarazo o subí poco; o la panza está muy alta o muy baja; o el bebé está sentado, o sobre el lado derecho o el izquierdo… y así hasta el infinito.
Hasta cuándo vamos a seguir cuestionándonos o culpándonos como mujeres? Sosteniendo y perpetuando la creencia absurda que somos poseedoras de una fisiología dañada, atrofiada, rota, suicida? Hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que otrxs tomen decisiones sobre nuestros cuerpos y los de nuestrxs hijxs tildándonos de falladas, basadxs en ideas y creencias que no tienen ningún sustento científico? Cuando, además nacimiento tras nacimiento demostramos que somos tan fuertes, tan infinitamente capaces que aún por encima de un modelo de atención nocivo y en medio de un ambiente inhóspito y hostil seguimos pariendo y naciendo.
Es este sistema perverso el que debe ser puesto en duda, no nosotras. Es este modelo que pretende hacer postulados rígidos y absolutos, protocolos estándar, rutina rígidas que parecen desconocer la esencia fisiológica y emocional de un hecho tan intimo, privado, trascendente y particular como es un nacimiento.
Es este sistema que insiste una y otra vez en tratarnos como enfermxs a nosotras y nuestrxs hijxs por su incapacidad de acompañar y sostener un proceso tan intenso, el que debe ser cuestionado y transformado. Es el modelo de atención el que debe adaptarse a las necesidades de cada díada y no las mujeres y bebés seguir en esta loca y perversa carrera por amoldarnos a lo que se espera de nosotrxs y que no existe, a lo que dicen los libros y la práctica de aquellxs que no miran la vida misma, sino lo que ellxs quieren y esperan de ella, para que sea cómodo y conveniente para ellxs.
Cuando vamos a ser conscientes que somos esclavas de un sistema de atención perinatal que siempre busca lo que no somos y no tenemos, donde siempre somos muy muy o poco poco. Y así, terminamos cargando heridas de por vida sólo por tratar de adaptarnos a ellxs, de ser buenas chicas y portarnos bien y lo que es más duro, es a ese sistema al que entregamos a nuestrxs hijxs, cargadas de miedo, sumisas de terror y sin la más mínima información.
Cuando nos daremos cuenta que la industria de la belleza y las cirugías plásticas no difieren tanto de la obstetricia, se basan en los mismos paradigmas, en el mismo concepto sobre la mujer; en ambas nuestros cuerpos son cuestionados, puestos en dudas, mirados con recelo y tenemos un millón de problemas por los que debemos ser invadidas, intervenidas, operadas y medicalizadas, un crimen más que el patriarcado comete sobre nosotras. Estamos presas de un modelo de mujer paridora que no existe y según el cual lxs profesionales tienen permiso para cortarnos, drogarnos, mutilarnos y maltratarnos, en nombre de supuestos que nada tienen que ver con la salud y el respeto por la vida
Hemos llegado hasta aquí, hasta el día de hoy y tenemos futuro como especie gracias a la capacidad de las mujeres y bebés de seguir pariendo y naciendo aún en las condiciones más desfavorables. El sistema perinatal actual es la mejor evidencia de eso, aun en condiciones que atentan contra la vida, la salud y el bienestar, con protocolos y creencias que siempre nos juegan en contra, aun así parimos y nacemos.
El problema no somos nosotras, ni nuestrxs hijxs, no es nuestra fisiología la que debe ponerse en duda o cuestionarse, la pregunta no es “qué tengo yo o mi bebé?” sino que tiene el sistema médico hegemónico que se empeña en llevar la salud al terreno de la patología, creando así riesgos donde no los hay y complicaciones donde antes había salud, cambiando el sostén y el acompañamiento por un modelo intervencionista e invasivo que deja secuelas emocionales y físicas en toda la sociedad.
ESPECTACULAR CADA COSA QUE ESCRIBES.
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