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| Foto de Puja-Violencia Obstétrica |
Por Violeta Osorio
El ingreso de los nacimientos a las
instituciones médicas, así como de la atención en manos de obstetras en vez de
parteras fue hecha a través de una agresiva campaña de markenting desde el
supuesto respaldo de la ciencia, tratando de librarnos a las mujeres y bebés de
un atención primitiva basada en rituales, brujería y creencias sin
justificación médica; desde la visión de la casa como un lugar sin condiciones
(aunque a los 2 días regresemos a ese “infecto lugar”) y la partera como una
mujer analfabeta y sucia, más cercana a la magia que a la luminosa y aséptica
ciencia… que ironía ya que desde ese momento, hasta la actualidad la atención
obstétrica más generalizada se rige por creencias y no por pruebas, por
prejuicios y supuestos y no por evidencia.
Es irónico que las parteras hayan
sido desprestigiadas asociándoselas a una atención basada en cultos y ritos de
fe, cuando lo que nos vendieron como respuesta a ese supuesto analfabetismo y
paganismo fue el culto a la tijera y la bata blanca, cambiando la "brujería" de
las hierbas por la de las drogas químicas. La realidad en las instituciones no
dista mucho de los actos de fe, el rito de la episiotomía, la oxitocina
sintética, la litotomía, el kristeller, el corte prematuro del cordón... una
serie interminable de intervenciones, universales y rutinarias, que no miran el
caso concreto o se aplican en función de cada realidad particular, sino que se
encadenan una detrás de otras porque en ello reside su fé. Creen que es lo
mejor por supuesto, pero no porque haya evidencia de eso (todo lo contrario), sino porque en obstetricia los profesionales tienen habilitado suponer, asumir,
opinar y actuar en consecuencia. Intervienen el proceso como una suerte de
ritual místico sin fundamento ni asidero científico, sólo sostenidos por sus
creencias y la costumbre, lo hacen de la misma manera que el fanático repite
todos los domingos la misma cábala para que gane su equipo.
La piedra angular de esta nueva
religión del nacimiento es la creencia de que el parto es una patología que
debe ser tratada e intervenida, una complicación que debe ser resuelta y donde
obviamente es el personal obstétrico quien tiene mayor relevancia, ya que es
gracias a su magia que salimos “sanxs y salvxs” de un trance tan peligroso. En
este sentido, el concepto más relevante y que organiza toda la práctica
obstétrica es el “riesgo”, estamos en riesgo, debemos ser rescatadas del riesgo
y lo que importa es minimizar el riesgo. Por supuesto ningún mujer espera
atravesar riesgos innecesarios, ni que lo haga su hijx, sin embargo cuando el
abordaje principal es desde esta óptica, se queda en el camino la salud y el
bienestar como conceptos amplios, no solo desde una mirada clínica y por
supuesto la autonomía de la mujer, su protagonismo y la posibilidad de atravesar
el proceso en libertad, disfrute y poder. En el peligro hay poco margen para
las decisiones libres y autónomas, menos aún para el placer y el bienestar,
solo buscamos librarnos del final trágico que tanto nos auguran.
Las intervenciones pueden salvar vidas,
claro! pero aquellas que necesitan ser salvadas y sólo cuando son usadas correcta y oportunamente. Una mujer y un bebé durante el
parto/nacimiento no tienen que ser salvadxs de antemano, porque no están
enfermxs, ni están atravesando una situación patológica per se, todo lo
contrario están viviendo un hecho sano y fisiológico de profunda trascendencia
emocional. Lo urgente y primordial para ellxs es un entorno respetuoso y atento
de sus necesidades y deseos, con profesionales idóneos que acompañen desde la
paciencia y la calma, interviniendo solo de ser estrictamente necesario. Pero
claro, eso contradice los mandamientos de la atención obstétrica imperante.
Hace años ya que lo estudios
médicos y científicos han dejado en evidencia lo nociva que es la atención
obstétrica actual, demostrando además su leve o nulo asidero, más allá del “así
se ha hecho toda la vida” y del “me dijeron que les dijeron que es así”. Hace
décadas que diferentes organizaciones a nivel mundial se manifiestan en contra
de la intervención innecesaria en los partos y abogan por una atención que
preserve la fisiología. Hace tiempo incluso que en Venezuela, se acuñó el
término violencia obstétrica para hacer referencia entre otras cosas a la
patologización e intervención innecesaria e invasiva sobre los cuerpos de las
mujeres y sus hijxs; en Argentina incluso se la contempla como una modalidad de
violencia hacia las mujeres; la OMS se refiere a ella como un grave problema de
salud pública y la ONU la considera una violación a los Derechos Humanos. Y
hace décadas también que las mujeres y familias venimos exigiendo que se
respeten nuestros partos y el nacimiento de nuestrxs hijxs como lo que son,
procesos sanos y fisiológicos que responden a nuestra sexualidad y
emocionalidad y que además vamos encontrando alternativas al sistema médico
hegemónico y demostrando que son seguras y viables. Y sin embargo el panorama
cotidiano es una larga cadena de sinsentidos que nos dejará a las mujeres y
nuestrxs hijxs marcas de por vida, hechos porque si, por costumbre, porque a la
larga creer tiene más peso que saber y la costumbre es más sólida que la
evidencia.

Es que saber duele...Y creer proporciona comodidad...
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